domingo, 2 de enero de 2011

Las Furias o Erinias



Las Furias (romanas) o Erinias (griegas), llamadas por los mortales como Euménides (las Benévolas). Representan la Justicia Divina. Eran hijas de Gea (la Madre Tierra) y de Urano (el Cielo). Surgieron de las gotas de esperma que cayeron sobre Gea cuando Cronos mutiló a su padre, Urano, y desde su nacimiento se erigieron como defensoras ante el parricidio. Pero en otras versiones son descendientes del río infernal Aqueronte y de la laguna Estigia. Sus nombres son Aleto, Tisífone y Megera, eran justas, pero vengativas, inflexibles y despiadadas.

Son la personificación de la venganza, fuerzas primitivas del universo que existían desde la creación, antes que los grandes dioses del Olimpo. Su tarea era la de perseguir a aquellos que habían cometido ofensas contra la sociedad y la naturaleza, violaciones de los ritos de hospitalidad y sobre crímenes contra la familia. Representan la culpa, el arrepentimiento y el remordimiento de los hijos por ofender, desobedecer y atentar contra los progenitores, principalmente la madre.

Su morada estaba en el Tártaro, dentro del Inframundo, y visitaban la Tierra para castigar a los criminales vivos. Al ser divinidades anteriores a los dioses del Olimpo, no obedecían ni respondían a su autoridad y tenían sus propias leyes, por lo que podían mostrar una mayor severidad. De hecho, se creía que los mortales no podían castigar los crímenes que correspondían a las Erinias, quienes se encargaban de perseguirle y hostigarle hasta enloquecer. Por ese motivo eran las encargadas de restablecer el orden del cosmos y de devolver la seguridad a la sociedad; para conseguirlo, la tortura de las Erinias consistía en expulsar a los criminales de la ciudad y perseguirlos de día y de noche, hasta que el culpable encontraba a un alma caritativa que lo purificara de sus culpas. Mientras ese momento llegaba, los autores del delito se veían obligados a vagar de ciudad en ciudad para que las Erinias no los encontraran. Hoy podríamos relacionarlo con los sentimientos de culpa y remordimiento, siempre y cuando el criminal lo experimente. El caso más popular es el de Orestes, perseguido por haber matado a su madre Clitemnestra junto a su hermana Electra, en venganza por el asesinato de su padre Agamenón. Sedientas de venganza, las Erinias lo persiguieron sin juzgarlo ni considerar circunstancias atenuantes. Cuando Orestes llegó a Delfos, el dios Apolo le concedió protección, pues él había incitado al joven príncipe a vengar la muerte de su padre y convenció a las Erinias para que aceptaran el veredicto del tribunal de Atenas. Orestes fue absuelto y las Erinias fueron acogidas en la ciudad de Atenas bajo la forma más clemente de Euménides (“benévolas o bondadosas”), para aludir al lado bueno de estas divinidades.

Suelen ser representadas como deidades femeninas con serpientes enroscadas entre los cabellos, con látigos y antorchas en sus manos, y llorando lágrimas de sangre. También se decía que tenían grandes alas de murciélago o pájaro, o el cuerpo de un perro. Para su culto, se sacrificaban ovejas negras y se realizaban libaciones de miel y agua. En la legendaria Arcadia había dos santuarios consagrados a ellas: uno se llamaba Maniai (“las que vuelven loco”), en el otro santuario su culto se asocia al de las Cárites, las diosas del perdón, donde purificaron a Orestes.

Fuente: http://magicasdiosas.blogspot.com/

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